Sentada en su silla de ruedas frente a la ventana que daba al jardín, Isabel permanecía inmóvil, con la mirada perdida.
Su boca torcida por la cruel parálisis facial que el accidente cardiovascular le había producido.
Su vida se convirtió en una sombra de lo que solía ser, dependiendo de otros para las tareas más básicas, incluso para alimentarse.
Caroline irrumpió en la habitación con determinación, anunciando:
-Augusto te espera en la planta baja,yo me quedo con mi suegra-.Dijo tomando el pl