No me gustan las flores.
Ida estaba concentrada en su trabajo en el taller, rodeada de telas y bocetos, cuando escuchó un suave golpe en la puerta. Se giró para ver a Mauricio entrando, con una amplia sonrisa en el rostro y un ramo de flores en la mano.
—¡Mauricio! —exclamó Ida, claramente sorprendida por su visita.
Mauricio avanzó hacia ella con una sonrisa encantadora, extendiendo el ramo de flores.
—Hola, Ida. Pensé en sorprenderte con estas. Espero que te gusten.
Ida miró el ramo de flores y su expresión cambió de