Ella me hace feliz.
La oficina de Thomas Bennett estaba impregnada de autoridad y prestigio, con paredes revestidas de madera oscura y estanterías llenas de libros legales.
Emerzon, vestido con su traje habitual, se encontraba de pie frente al escritorio de su padre, sintiendo una mezcla de respeto y resentimiento.
Thomas, con su cabello canoso y su expresión severa, levantó la vista de unos documentos y fijó su mirada en su hijo.
—Emerzon, me alegra que hayas venido —comenzó Thomas con tono formal—. Quería hablar