Aye había llegado sola a ese muelle, sintiendo en cada célula de su ser, que era una trampa, sin embargo, jamás retrocedió, no podía hacerlo, no después de lo que le pasó a Kansas, no después de saber lo que sabía. Ella había entrado en ese oscuro y tenebroso galpón con su corazón martillando fuerte dentro de su pecho, amenazando con explotar en cualquier momento. Ahora estaba frente al autor de esas cartas espeluznantes y el responsable de que su amiga esté en el hospital. No podía comprender