—No puedes pretender que me deje follar de esa manera. —Lo miró furiosa tratando por todos los medios de mantenerse lejos de él. —No permitiré que me dejes adolorida solo porque no quieres que vaya a mi despedida de soltera con las chicas.
—Ellas son un peligro. —Le recordó lo mismo que los últimos días. —Sus propios esposos me lo han dicho. —Engla sonrió incrédula por el cinismo de su hombre que ahora está siendo más demonio que nunca.
—Ellos también son un peligro, ¡Ni siquiera recuerdan la