—Espero realmente que no dudes de mí. —Leviatán lo miró. —Sabes que me anoté a ese juego por diversión. —Levantándose lo miró. —Vayamos a tu oficina, hay que hablar. —Einar asintió, ya no sabe de quién desconfiar. Si ninguno de ellos es culpable, ¿Entonces quién lo es? Esa pregunta lo tensó un poco más.
—Eh, Dankworth. —Roy frunció el ceño al ver al acompañante de su amigo. —Vi salir a unos de tus más grandes enemigos y quise saber qué estaba pasando. —Miró directamente a Leviatán. —Pero al pa