Cediendo

Apretó la mandíbula y una sonrisa aflora a sus labios, tomó la mano que ella le ofrecía en modo de saludo y la llevó a su boca, depositando un tenue beso, mientras la miraba a los ojos.

— El placer es mío.

En ese momento se adelantó Stella diciendo:

— Señorita Sánchez, yo soy la esposa de éste señor, mucho gusto de conocerla.

Camila no esperaba aquella presentación, pero si pasó algo en el interior de la muchacha, su rostro no lo reflejó, con una amable sonrisa se acercó dando un beso en la
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