— Richard, mejor paremos ésto acá, no quiero complicar mi vida siendo inconsciente, acostándome con un hombre que ya está casado— dijo ella a modo de excusa.
— Amor, sé que estoy casado, pero no amo a Stella, eres tú la mujer que deseo a mi lado en cuerpo y alma, por favor cree en mí— rogó el.
Ella cerró los ojos, quería aquellos besos, sentir las manos de él recorriendo todo su cuerpo, pero una vocecita le advertía que si entraba en aquel abismo no habría vuelta atrás. Richard aprovechó este