Felicidad... tristeza
— ¿A qué te refieres?— preguntó Richard preocupado— huyendo, ¿de que? No entiendo.
— La mujer que me hizo inseminar, desea destruir al niño, y yo tengo miedo de que ella un día me encuentre y logre su objetivo— confesó Camila.
— ¡Oh por Dios!— exclamó él— conmigo estás a salvo, no permitiré que nadie te haga daño, ni a tí ni a tu niño.
— ¡Gracias! — dijo ella más tranquila— mientras menos sepas de mí mejor, no quiero ser pública ni que me conozcan mucho, se que el mundo es un pañuelo y no qu