Piero miraba la hora con impaciencia, no habían pasado muchos minutos desde que Alma fue al baño con su prima y sobrino. Aún así, le molestaba perderla de vista aunque sea un minuto. Suspiró nuevamente, a la vez que veía como Dante, el esposo de Alina, se quedaba inmerso en sus pensamientos. La verdad, no quería estar en sus zapatos. Lo que le sucedió a esa pareja fue cruel. Se perdieron mutuamente un momento hermoso. Al menos, ahora podía decir con seguridad, que la relación de la pareja iba m