Para mi asombro, logramos dormir profundamente en esa inmensa cama, abrazados bajo las cálidas cobijas.
Mis sueños fueron confusos, divagaban en luces y colores inentendibles, acompañados por las mismas palabras en un hilo de voz; las cuales se repetían una y otra vez, produciéndome un poco de malestar al escucharlas.
Para mi amarga sorpresa, al despertar no recordaba absolutamente nada de lo que había oído, ni menos lo poco que había vislumbrado.
El sol radiante se había colado travieso por