Libres... ¿al fin?
Para mi desgracia, tras otra sesión frenética bajo el agua tibia de la ducha; terminó obteniendo eso que tanto deseaba oír, así que tuve que aguantarme la amargura al ver su sonrisa victoriosa, mientras se marchaba perfectamente vestido a la reunión con el abogado.
Cuando me encontré totalmente sola en aquel apartamento tan grande, me dediqué a mantener mis manos ocupadas, para de esta manera no empezar a pensar en cosas innecesarias más de la cuenta.
Quizás era una pequeña terapia para olvida