El día jueves Anastasia amaneció en su estudio, con dolores musculares por la posición dormida en el duro suelo, pero con una sonrisa satisfecha al ver el resultado de su obra con nuevos ojos. Sabía que a Leónidas le encantaría. No se lo daría esa noche, sino que la del siguiente, puesto que había planeado algo para esa fecha especial desde aquella noche en que durmió en su departamento.
Se vistió, peinó y maquilló con elegancia, como siempre, pero también hizo un esfuerzo sobrehumano en quitar