Anastasia despertó por primera vez en mucho tiempo sintiéndose como si estuviera en una nube perfumada con su perdición. Era adictivo. A dónde girara el rostro, estaba su sudor, su colonia, y pasó un largo raro con la nariz en cierto punto de la almohada, hasta que fue suficiente.
Con una sonrisa, fue al baño, se lavó un poco la cara, y se cepilló con los dedos y un poco de crema, pues no quería arriesgarse a tener mal aliento. Luego fue a la cocina, descalza, sintiéndose grande y pequeña a la