Miradas inseguras.
Anastasia.
Sentía que todo estaba encajando cada vez más. Nada podría arruinar mi nueva estabilidad en el trabajo, y mucho menos mi seguridad respecto a Leónidas.
Estaba segura de eso… Hasta que llegó la hora del almuerzo.
El timbre sonó. Salí de mi clase con la cartera en mi hombro. Me conseguí con mis amigos en la entrada de la cafetería y ellos me apartaron el puesto mientras iba al microondas para calentar ambos almuerzos.
Miraba con ansias el contador, así que tomé el teléfono y le escribí