Anastasia.
El detective nos citó para poco antes del mediodía.
Coloqué mi mano en el hombro de Leónidas mientras conducía. Me contó que mientras yo daba clases él había contactado a un equipo privado de seguridad, pues no quería seguir arriesgando la vida de sus amigos, y tampoco quería que la policía cargara con todo.
Yo estuve de acuerdo con él. La verdad, es que por fuera aparentábamos estar bien, pero por dentro, los nervios gritaban. Sin embargo, estaba segura de que él no nos separaría.
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