Otra oportunidad.
El rubio giró el rostro. Los ojos de su padre se encontraron con los de su madre. Cada uno tenía rasgos muy específicos de sus progenitores, haciéndolos ver tan diferentes, aunque fueran mellizos. Eso era un alivio tomando en cuenta que no querría ver a la persona que más odiaba en el espejo todos los días.
—¿Con quién te colaste esta vez? —se burló Leónidas, frío.
Lucius tensó las manos en sus bolsillos.
—Con tu hermosa profesora Everhart, claro… Aunque ella se acaba de ir, estaba agotada —anu