Más de la cuenta.
Apretaba la certera mientras caminaba con pasos vacilantes hacia el baño de la recepción, el más cercano. Entró, por primera vez desde aquél día en que escapó, y al ver la puerta del cubículo donde se cambió y dejó sus cosas, el llanto simplemente salió.
Rápido, se metió, y se desahogó. Él no había respetado su espacio, ella no fue sincera con sus sentimientos pese al miedo, y, se arrepentía de no habérselo dicho; pues creía que, si tal vez le hubiera confesado que sí lo quería, pero que lo int