Frío como el hielo.
Anastasia.
Me di una última mirada al espejo, y exhalé. Sabía a lo que me enfrentaría, y debía armarme de valor cada segundo para hacerlo.
Me terminé de maquillar a detalle, pero las manos casi me temblaban. Me debatí si dejarme el cabello suelto o no. Incluso me cambié de saco y de tacones dos veces. Pero al final, me decidí.
Era hora.
Pedí un uber hasta una compañía de autos. Un hombre de traje me esperaba con una sonrisa.
—Señorita Everhart —saludó—. ¿Desea que demos una vuelta para mostrarl