—¡Bastian, Andrés, sigan mis pasos sin titubear!—rugió el líder con una voz que resonaba como un trueno, impregnada de autoridad y urgencia—. El resto de ustedes, formen una barricada. Ese ser escurridizo podría intentar una fuga artera. Mantengan los ojos bien abiertos y el pulso firme, listos para enfrentar lo desconocido.
Los soldados, con la solemnidad de su deber reflejada en sus ojos, asintieron con una resolución férrea, moviéndose con la precisión de un reloj bien engranado. Se dispersa