Con cada latido resonando en sus oídos, el comandante y su escuadrón de valientes sacaron sus armas con manos que apenas disimulaban un temblor incontrolable. La oscuridad los envolvía, y ellos, con linternas en mano, desafiaban la noche que se cernía sobre el parque, un enemigo invisible y omnipresente.
El comandante, con su corazón golpeando contra su pecho como un tambor de guerra, se encontraba al borde del abismo. La experiencia grabada en su piel y alma no era nada comparada con el mito v