—¡Vas a lamentarlo si no me sueltas ya mismo! —gritó ella con una furia que hacía temblar el aire.
—¡Tranquila, por favor! Déjame contarte lo que está sucediendo —Kyrios luchaba por mantenerse firme mientras la pelirroja se debatía sobre él.
—¡Ya basta! ¡He dicho que me sueltes!
—¡Escucha! Solo intento evitar que te desplomes desde aquí arriba. ¡No es mi intención retenerte contra tu voluntad!
Bastian, sumido en la tranquilidad de su paseo vespertino, se detuvo en seco al presenciar una contien