—¡Kyrios, por la eternidad! ¡Esto es insoportable!—exclamó Beltaine, luchando por respirar mientras intentaba desembarazarse del caprichoso guardián mágico que el Lord de los lycans le había confiado y que ahora se enredaba traviesamente bajo su ropa—. ¡Libérame de esta criatura infernal! ¡Te lo ruego con cada fibra de mi ser!—imploró, sus dedos se clavaban en los hombros del Lord como si fueran su única salvación.
Kyrios, incapaz de resistir la tentación, se deleitaba en la cómica desdicha de