—¿A quién diablos te refieres? —Bastian apretó los dientes con tanta fuerza que parecía que iban a astillarse. El dolor en su cuero cabelludo se extendía hasta la nuca, como si un enjambre de avispas estuviera construyendo un nido en su cabeza.
—Ahora mismo, te señalo con el dedo y te nombro como mi falso mate.
En lo más profundo de su ser, su lado vampírico y su lado lobuno estaban enfrascados en una pelea feroz, como dos bestias salvajes encerradas en una jaula. Ambos anhelaban devorarlo, lit