Los cuerpos de los lycans caídos, amigos y enemigos por igual, se acumulaban en las once opulentas salas y los vastos jardines, convirtiendo el suelo en un tapiz macabro. La visión de estos valientes, ahora reducidos a meras sombras de lo que fueron, era un recordatorio sombrío de lo mucho que estaba en juego.
—¿¡Alguien sabe algo sobre nuestro Alfa!?—Una valiente guerrera estaba sirviendo de escudo para evitar que los malditos hijos de puta, ingresaran a la mansión para tomar posesión del tron