—Bueno, tal vez ya fue suficiente con ese ataque —el enemigo soltó una carcajada, una risa que resonó con un eco perturbador en las ruinas del edificio. Con movimientos lentos y deliberados, se sacudió el polvo de la ropa, cada gesto cargado de una indiferencia cruel—. Desde el otro edificio pude romper tu escudo con mi explosión. Uy —su tono ronco sonaba impregnado de una tristeza fingida que era más hiriente que cualquier burla—. ¿Acaso mi ataque fue demasiado fuerte?
La risa volvió a brotar