—¡¿Qué malditamente te pasa?! —gritó Beltaine, recuperando el aire con dificultad. Se retorció bajo Melissa, intentando liberarse—. ¡Deja en paz mis ojos! ¡Maldita bastarda!
Melissa, desesperada, sujetaba los hombros de Beltaine con firmeza mientras intentaba separarle los párpados. La pelirroja respondió agarrándola del cabello con fuerza.
—¡Mis globos oculares!
—¡Quédate quieta, humana! —gruñó Melissa, forcejeando con la resistencia de Beltaine—. ¡Necesito verlos de cerca para ayudarlo!
—¡Dio