Melissa se sentía furiosa. La maldita mujer rubia había aparecido justo en el peor momento posible. Convencer a la humana y a Lord Kyrios ya era complicado, pero ahora, con la mano derecha del Lord en la sala, la situación se volvía aún más tensa.
Beltaine bufó y cruzó los brazos.
—¿Por qué de repente usan mi sala de estar como punto de encuentro? —exclamó, su voz cargada de irritación.
Kyrios, con un mal presentimiento, sujetó suavemente el brazo de la humana para que dejara de cruzarlo.
Belta