Kyrios giró la cabeza hacia Melissa, sus ojos rojos centelleando con una furia salvaje. En ese instante, el mundo pareció detenerse, como si el tiempo mismo contuviera la respiración. Melissa apenas tuvo tiempo de parpadear antes de ser arrollada y lanzada violentamente al otro lado de la sala por un colosal lobo de ojos ardientes, cuyo tamaño llenaba casi por completo el departamento.
—¡¿Qué le has hecho a mi mate, maldita perra?! —rugió Kyrios, su voz resonando como un trueno en la habitación