Kyrios se encontraba todavía en el suelo, su cuerpo humano exhausto después de la transformación. Beltaine, aferrada a él con una ternura desesperada, intentaba apaciguar la tormenta que veía reflejada en sus ojos.
—¡Kyrios! —exclamó Beltaine, su voz temblando con una mezcla de urgencia y amor—. ¡Buscabas una médica para sanarte!
El eco de sus palabras resonó en la habitación, un recordatorio de la misión que había consumido a Kyrios durante mil años. Beltaine continuó, su abrazo firme como un