Lylo emergió de su refugio nocturno, la puerta se cerró tras ella con un estruendo que parecía sacudir los mismos cimientos de la realidad. Se apoyó contra la madera fría, su cuerpo vibrando con una energía frenética, casi eléctrica.
—Calma, mi fiera, calma —se murmuraba con una voz que tejía seda y acero, intentando aplacar la tempestad que se desataba en su interior. ¿No era acaso una ironía del destino? Una criatura de la noche, un híbrido de sombras y salvajismo, atrapada en las garras de u