Por Ema
¡Maldita sea!
Ni siquiera había almorzado, solamente tenía en mi estómago varios cafés, esos que tomé cuando estaba declarando.
Apurando el paso subí a mi camioneta y tirándosela encima a varios autos para poder pasar, llegué relativamente a tiempo, claro que la sesión ya se había atrasado una hora.
Mi cabeza estallaba, mi amigo había almorzado con Sol.
No podía pensar con claridad.
El psicólogo me esperó porque algo le comenté a Cris y él habló con el terapeuta.
Más allá de eso y de que