Cuando Adeline mencionó sin cuidado la posibilidad de que Damien fuera el príncipe perdido, Ashal y Gérard la miraron asombrados. Al percatarse de que había hablado de más, de inmediato se cubrió la boca y pensó asustada. «¡Mierda! ¿Dije eso en voz alta?».
En tanto, su esposo se acercó peligrosamente para cuestionarla.
—¿Qué es lo que acabas de decir? ¡Responde!
El aura severa de Ashal causó escalofríos en la joven emperatriz, dejándola sin argumentos. Al ver que la situación se ponía seria, Gér