El agradecimiento ferviente de Ashal consternó a Adeline, dejándola sin palabras. Sin saber cómo reaccionar, se preguntó mentalmente: «¿Qué está pasando? ¿Por qué Ashal me agradece? ¿No es a partir de aquí cuando él se pone furioso y me azota contra el escritorio para desquitar sus bajas pasiones, tal como leí en la novela original?».
Ignorando la turbación de su esposa, Ashal la estrechó con más fuerza y, tras suspirar pesadamente, continuó hablando con vehemencia.
—Realmente estoy agradecido