Tras regresar de su visita a Damien, Adolf Dunesque se refugió en su campamento para afinar detalles del próximo ataque al palacio de Mont Risto. Ya había pasado casi una semana desde que comenzó la invasión al territorio, sin embargo, le irritaba el hecho de que sus avances aún no mermaban el ejército de su sobrino.
«¡Maldita sea! Esas ratas no se rinden, ya he conseguido que más de 30 lores se hayan rendido y aun así la capital sigue sin caer. Tengo que hacer algo más contundente para aplasta