Cuando la aeronave despegó del andén, Ashal y Adeline se quedaron observando el cielo hasta que el aparato desapareció. Como estaban absortos en sus pensamientos, no notaron la presencia de Marion, hasta que este los llamó con voz fuerte.
—Majestades, es hora de marcharnos.
Ambos volvieron en sí y Ashal dijo seriamente.
—Bien, no tenemos tiempo que perder.
Tras decir esto, se encaminó para hablar con el comandante Mori. Al ver que su esposo se alejaba, Adeline lo siguió apurada. Cuando llega