Un dolor en el pecho hizo que Adeline despertara. Confundida, lentamente se incorporó para reconocer su entorno. Cuando su visión se volvió más clara, notó que se encontraba en una habitación desconocida, pero lo bastante cómoda e iluminada.
—¿Dónde estoy? —murmuró.
En ese momento entró una mujer con ropas sencillas, quien al ver a la emperatriz levantada, se apresuró y dijo preocupada.
—¡Majestad! ¡Ya está despierta! ¿Cómo se siente? ¿Le duele algo? ¿Quiere que llame al médico?
Tantas pregu