Ashal cubrió instintivamente a Adeline con su cuerpo, para después empujarla hacia el interior de la habitación. Esto tomó por sorpresa a la joven, que tras ser llevada hasta un lugar seguro, apenas pudo murmurar.
—A… shal…
En tanto, el emperador se apartó y alzó la voz para llamar a sus soldados.
—¡Nos atacan! ¡Protejan a la emperatriz!
A los pocos segundos, la habitación fue rodeada por un séquito de más de 20 soldados, a los cuales se sumaron las asistentes de Adeline, quienes se encargaron d