Como estaba concentrada en deducir quién de los personajes de la novela podría ser el hijo perdido del antiguo rey, Adeline se sobresaltó al escuchar que tocaban la puerta. A pesar de esto, recobró la compostura y respondió un tanto agitada:
—¿Quién es?
Al momento, una voz ronca resonó detrás de la puerta.
—Majestad, ya está lista la habitación donde reposará esta noche con el emperador.
—¡Oh! Muchas gracias, en un momento salgo —respondió ella rápidamente.
Al instante, sus asistentes se de