DOUGLAS WARD
Era la hora del baile y yo todavía no había visto ni rastro de Aurora, así que empecé a preocuparme.
— ¿No vas a invitarme a bailar, Douglas? — preguntó Rebecca. No quería, quería bailar solo con Aurora, no con esa cotorra.
— Creo que no quiero bailar, Rebecca — le dije mientras bebía un sorbo de champán.
— Vamos, Douglas, todo el mundo está bailando, no podemos quedarnos solo mirando — dijo ella haciendo un puchero, como si pensara que yo encontraría eso atractivo.
— Sabes que hay