AURORA SUMMER
Douglas miraba fijamente la cabeza del señor Hanser, pero el pobre hombre no parecía darse cuenta. Mantenía la mano en mi brazo mientras pretendía estar enseñándome golf. Yo fallaba todos los tiros porque me sentía incómoda y completamente distraída.
— No creo que el golf sea lo mío. — murmuré, logrando finalmente deshacerme de él.
— Pero lo estabas haciendo muy bien — se quejó.
— Señor Hanser, deje a la pobre chica en paz. Vamos a jugar. — dijo Douglas con voz dura y fría. Estaba