Brendan miraba a través del ventanal de la suite del hotel como la lluvia se precipitaba sobre la ciudad como un maldito manto gris, mientras esperaba la bendita visita del comisario. Sí, podría haberse presentado por sus propios medios, pero no se sentía capaz de conducir hasta la comisaría, por lo que le había pedido a O’Neill que se acercara hasta allí.
Una lágrima comenzó a rodar por su mejilla, en el mismo momento en el que un golpe en la puerta, lo hizo darse vuelta enfocando la mirada en