Tragó saliva y se obligó a esbozar una sonrisa.
—Buenas tardes, Brendan —respondió, con un leve cabeceo—. ¿Cómo estás? —se obligó a preguntar, ya que lo que menos quería era que notara que, irremediablemente, la había afectado.
Brendan asintió y le devolvió la sonrisa, con tirantez. Aquello resultaba mucho más incómodo de lo que había imaginado. Amy estaba diferente, pero era evidente que, por mucho que hubiera cambiado, seguía siendo ella a su manera y podía notar que, a pesar de querer camufl