—Denise. Amor —la llamó Liam, meciéndola levemente, cuando la alarma del móvil de su esposa sonó por sexta vez consecutiva.
La mujer abrió los ojos de par en par y se incorporó en la cama, sobresaltada.
—¿Qué sucede? —preguntó con ojos adormilados, mientras miraba a su alrededor.
—Es hora de levantarse.
—¿Ya? —preguntó, ahogando un bostezo.
—Ajá —asintió.
—Pero hoy es domingo —refunfuñó, haciéndole espacio a Liam, quien se sentó a su lado y colocó una mano sobre su abdomen.
—Lo sé, pero, si no