Sir Cavendish miró las cartas, aún sin poder creer que la familia López hubiera sido tan despiadada con ellos. Javier López, el plebeyo, no solo había engañado a todos haciéndoles creer que el hijo de Lady Lorena era suyo, sino que había borrado todo rastro de los Cavendish, y ahora, Javier López, el hombre que Elvira había considerado maravilloso, resultaba ser tan egoísta como aquellos a quienes despreciaba. La ironía era una cruel maestra, y el dolor en su pecho era una prueba de ello.
Césa