178. CONTINUACIÓN DEL GRAN SECRETO DE JAVIER
Y al día siguiente, cuando te vi caminar hacia mí en el altar, tu belleza eclipsaba incluso tu evidente tristeza. Tus ojos estaban rojos e hinchados por el llanto, pero aún así eras la mujer más hermosa que jamás había visto. En ese momento, no tuve el valor para dejarte ir. Y por eso, mi amor, te pido perdón.
Sé que debí liberarte, lo comprendo ahora con una claridad desgarradora. Cuando descubrí el plan maquiavélico que mi padre y Victoria habían tejido, aquel que te arrastró a mis brazos, s