54. CONTINUACIÓN
Por otro lado, al llegar frente al edificio de Sofía, esta se giró para el señor López que le limpió con su pañuelo una lágrima, y sin que ella pudiera hacer nada, la besó.
—Solo quiero que acabe de entrar en esa cabecita hermosa, que puedes confiar en mí de la misma manera que lo hago en ti Sofía —dijo López con las mandíbulas apretadas.
—Señor…, yo… —balbuceaba Sofía sin saber qué decir.
Sofía bajó la mirada y sin más se echó a llorar desconsoladamente abrazada a su jefe, que no dijo nada,