Teresa Vivaldi estaba sentada frente a unos agentes que afirmaban ser del banco, aunque había algo en su actitud que la mantenía en alerta. Esa mañana había recibido un mensaje de Sofía, en el que le advertía de la visita para hacerle ciertas preguntas y, si todo resultaba ser verdad, le devolverían el dinero. Atrapada en una oleada de júbilo inesperado, Teresa no había tomado las precauciones que solía tomar. ¿Había bajado la guardia demasiado pronto?
—Señorita Vivaldi —empezó el más serio de