Demian Stuart
—¿Qué demonios estás diciendo, Jonathan? —gruño al teléfono, sintiendo cómo algo me aprieta el pecho.
—Denn se metió en problemas en un bar. Golpeó a un tipo. El hombre levantó cargos y la policía se lo llevó. Ya llamé a Henry, va camino a la comisaría ahora mismo.
Aprieto el móvil con fuerza.
—¿Pero mi hijo está bien? —pregunto sin rodeos—. ¿Nadie lo lastimó?
Eso es lo único que importa. Lo demás… me importa un demonio.
—Lo está —responde Jonathan. Luego guarda silencio, uno dema