Mariana Carbajal
Llegar a casa es un verdadero alivio. Mi cuerpo está tan adolorido que incluso respirar implica un gran sacrificio. Cada movimiento me recuerda lo frágil que me siento en este momento.
Después de despedirnos de la tía Eliza, el trayecto de regreso transcurrió en absoluto silencio. Patrick se mantuvo concentrado en el camino, con la atención fija en el volante, mientras Raquel no dejó de vigilarme ni un segundo, comportándose como una auténtica mamá gallina con su polluelo. Supo